jueves, 30 de octubre de 2008

Cuentos

Era la hora en la que el telediario llegaba a su fin. Sección cultural. Como no, hablaban de algo que ocurría en Madrid (debe de ser que el resto de España no se culturiza o es que en ese lugar hace falta mucha cultura).
El caso es que hablaban de un concurso de pinchos. Lo triste es que los que allí aparecían, se asemejaban más a unos feriantes intentando vender mala mercancía como si fuese excepcional que a unos mínimamente expertos cocineros.
Y recordé el cuento del rey que había encargado un traje con hilo invisible. Y pensé que, en breve, con los pinchos ocurría algo similar... Y tan en breve... La última "maravilla" que presentaban en la noticia era un picho de aire de agua...
"¡¡¡PINCHO DE AIRE DE AGUA!!!"
No salí de mi asombro hasta un buen rato más tarde. Era tal cual el cuento del traje invisible. Y aún encima el "creador" defendía que era muy ligero y refrescante.
Al momento me imaginé al paisano que, tras 8 ó 10 ó 12 horas trabajando, llega a su taberna y pide su vino con su correspondiente pincho para reponer fuerzas tras la dura jornada laboral. ¿Se imaginan su reacción si el tabernero le ofrece un pincho de aire de agua?
Probablemente el tema concluiría en el hospital... o no... o qué sé yo...

martes, 28 de octubre de 2008

Horarios

Aparqué, recogí los libros del asiento del copiloto y bajé del coche. Y en ese preciso instante fue imposible no oir al paisano que hablaba (gritaba) por el móvil:
"O qué, ho? A esa hora estou eu levando o millo para o río mentras tí andas a rañar os "güevos" mentras miras para a televisión"
'Qué entrañable', pensé irónicamente... o no... o qué sé yo...

lunes, 20 de octubre de 2008

Mercenarios do ensino

E aí está Jorge outra vez.
Cunha boa dose de docencia e de paciencia ó lombo, con ánimos dabondo de facer ben o que tanto lle gusta e coa incertidume inquedante dos novos retos que haberá que superar.
Desta vez o envite é en Sanxenxo.

jueves, 16 de octubre de 2008

Lógica aplastante

Andar es un simple vaivén
... o no... o qué sé yo...

miércoles, 15 de octubre de 2008

Pesca dinamitera (reposta)

E Isma matizou: "esposa ou o que lle cadre.... porque agora coa de xente que sae do wardrobe..."

lunes, 13 de octubre de 2008

jueves, 9 de octubre de 2008

Pesca dinamitera

E Eduardo sentenciou: "é un restaurante ideal para levar a calquera muller... sempre que non sexa a túa esposa"

martes, 7 de octubre de 2008

Chedas

Íbamos en el coche. Pasábamos justo por Correos y, al tomar la curva, lo ví. Exclamé casi con timidez:
- ¡Chedas!
-¿Quien?
- Chedas
Y recordé quien es Chedas.
La primera vez que lo conocí, resultó que él ejercía de árbitro de voley y yo jugaba en uno de los equipos participantes. Le debió de gustar cómo jugábamos porque, unos meses después, nos incorporamos todos los de aquel equipo al club en el que él era entrenador del equipo de juveniles. Y así se convirtió en nuestro entrenador.
Muchos horas jugando. Muchas horas superándonos. Muchas horas exigiendo. Muchas horas conviviendo.
Lo que siempre me despertaba la curiosidad era su gesto. Si el espejo es el reflejo del alma, Chedas era, y es, un sufridor y, al mismo tiempo, un luchador y un incorformista nato. Podría llegar a pensarse que es un perdedor por la cantidad de puñetazos que le endosa la vida; pero él se recupera: resiste, reúne fuerzas, se rebela y lucha para levantarse.
- Después de un entrenamiento estuvimos charlando durante más de una hora sobre las mujeres. Parecía misógino: al cabo de un mes anunció su boda.
- Le encantaba jugar a voley: pero una lesión en el hombro le impidió seguir jugando todo lo que el quisiera. A pesar de aguantar el dolor después de cada saque a lo largo de varias temporadas.
- No solía hablar demasiado bien de su familia política: trabajó en la fábrica de su suegro.
- Se empleó en una gasolinera: al poco tiempo destruyeron la gasolinera por las obras de la autopista.
- Fue taxista: redujeron las licencias.
- Y ahora trabaja en Correos.
Siempre que lo veo recuerdo su grito de dolor después de cada saque. Era una metáfora de cada zancadilla que tenía que superar. Y cada zancadilla marcaba su rostro. Cada vez más rudo. Cada vez más curtido. Cada vez sufriendo más. Cada vez gritando más. Cada vez luchando más...
o no... o qué sé yo...